martes 20 de octubre de 2009

Pasado, Presente y Futuro (II)

Hay cosas que no logro entender.
Nos pasamos media vida escuchando frases como "En un futuro lo que hoy aprendéis os hará mejores personas" o (en mi caso) "Tened en cuenta que vosotros seréis un ejemplo para los niños, así que tenéis que controlar todo lo que decís y hacéis y".

Me parece absurdo que tantos personajes insistan en estos preceptos que ni siquiera ellos son capaces de cumplir. ¿Ser un buen ejemplo para los alumnos? Supongo que se refiere a llegar tarde a clase, no tener la asignatura preparada o no tener ni idea de lo que dices y cuando lo planteas es el mejor ejemplo....o almenos eso nos enseñan a los futuros maestros esos profesores que defienden a capa y espada que debemos ser el mejor ejemplo para nuestros alumnos.

Reconozco que en parte tiene razón, que debemos tener cuidado los futuros maestros porque de nosotros depende (en parte) educar a las futuras generaciones.
Pero no puedo aceptar que aquellos que tanto insisten en esto sean los primeros en saltarse a ala torera sus propias palabras y no saber dar ejemplo a sus alumnos (que vale, se supone que somos adultos, pero estas educando a futuros profesores y debes ser el primero en dar ejemplo sobre como ser un buen profesor/maestro).

En fin, luego nos quejaremos de que la sociedad tal y cual...de que los alumnos nosequé....y no somos capaces de atajar el problema de raíz, desde el principio.
Como siempre esto es una bomba que nos acabará estallando en la cara.

Porque parece que la única manera de darse cuenta de un problema es cuando este afecta a la vida de todos directamente.

lunes 28 de septiembre de 2009

Y tu...¿En qué quieres creer?

YO quiero creer que un mundo mejor es posible, si lo intentamos.
YO quiero creer en un lugar donde la justicia cumpla su función y desterremos el miedo.
YO quiero creer que algún día nos gobernarán de acuerdo a nuestras necesidades, sin pretensiones de enriquecimiento.
YO quiero creer que despertaremos del letargo al que nos tienen sometidos.

Pero sobre todo YO quiero creer en el ser humano. Tal vez vivamos lo suficiente para ver la ascensión de una nueva clase social, los 100% humanos.
Aquellos que no piensen en sí mismos sino en el bien común.
Que no sean capaces de producir dolor y llanto, pena y lluvia, sino alegría, júbilo, amor y sol.

Creadores de esperanza, equilibradores de balanzas.
Hombres y mujeres con orgullo, sentimiento y educación.
Personas que no olviden su pasado y planeen su futuro.
En fin, humanos que no cometan errores de antaño...

Y tu...¿En qué quieres creer?

sábado 15 de agosto de 2009

Memeces. Aprendamos a educar.

Bien, hemos visto que no somos un ramo de virtudes. Los seres humanos no tenemos conciencia de nosotros mismos, y los españoles (llamemos españoles a los habitantes de las diferentes naciones que componen España, no remarquemos sentimientos nacionales de otras épocas), menos.

Es bien sabido por el público medio que la enseñanza en nuestro país no es lo mejor que ha existido jamás. Las actuales leyes, como siempre discutidas, no hacen más que confundir a los estudiantes, ya sea en uno de sus grados, entendiéndose por éstos el colegio (primaria), el institutuo (secundaria, bachiller) y la universidad (estudios terciarios).

Analicemos críticamente nuestra situación:

La enseñanza básica obligatoria falla constantemente, con un índice de fracaso escolar que lo respalda, la ESO es un problema distinto. La Enseñanza Secundaria Obligatoria no es más que un compendio de sandeces buscando la imbecilidad, llamada especialización, y la, digamos, "lucha de clases".

Conceptos; compendio de sandeces: Educación para la ciudadanía en inglés, gracias Francisco vete a arar tus campos del apellido. El resto de asignaturas no quiero mencionarlas. Las materias obligatorias impartidas buscan que el alumno, con sus clases reducidas tenga un mayor apoyo y comprenda y acepte estos conocimientos. El problema radica en que el alumno prefiere mirarle el tanga a la chica de delante o irse a fumar fuera.

Yo no he conocido otro sistema educativo así que no puedo rememorar tiempos de EGB o BUP, no puedo comparar, lo único que se es que el estudio o la curiosidad que motiva éste no se fomenta al alumno, en vez de imponer horas de lengua o matemáticas, deberíamos fomentar la curiosidad del alumno, algo que se está perdiendo. Y se pierde porque interesa. Si yo no soy curioso no puedo preguntarme acerca de mi existencia en el mundo, por ejemplo. Tampoco puedo cuestionarme, o cuestionar, que es lo que falla.

El otro concepto es la "lucha de clases", una lucha no como la describía el Manifiesto, sino una lucha entre el profesorado y el alumno. Mis tiempos de bachiller fueron una época que recuerdo con cariño y añoro muchas veces, y ese recuerdo se fomenta en que pude disfrutar estudiando. Lo hice porque los profesores no intentaban banas luchas con el alumnado, y viceversa; lo hice porque ellos disfrutaban impartiendo, y yo como he dicho, lo hacía estudiando.

Otro recuerdo aún más lejano se remonta a mi época de primaria, donde los de octavo (yo estaba en tercero de primaria pero aún existía octavo de EGB) me infundían respeto y algo que nunca se me hubiera ocurrido era acercarme a ellos para plantarles cara. El sistema educativo favorece que el comportamiento inverso, donde enanos vacilan a aquellos que les doblan en altura y edad. Eso es entre alumnos, la verdadera "lucha de clases" se disputa con los profesores, los cuales no pueden hacer más que deprimirse ante la selva de la ESO.

Lo mejor es que hemos permitido que este sistema educativo exista, y cada apaño es peor, pero no hacemos nada porque no sabemos nada, porque tengo cosas mejores que hacer como mirarle el culo a una chica. No debemos culpar al gobierno actual, ni al anterior, ni al otro; debemos culparnos a nosotros mismos por pudrir este sistema. Yo lo digo, es culpa mía y tuya, y de todos los que dejamos que esto se desgracie más.

Hablemos ahora del estadio final de la educación, de los estudios terciarios, los universitarios.

La universidad es una farsa. Nada funciona bien, pero para remediarlo se hace borrón y cuenta nueva. Bolonia. Quizá nos beneficie pero nos quita algo de nosotros, la individualidad. La individualidad de pasearse por el mundo con un título inutil como una licenciatura o una diplomatura. Nos quita la gracia para hacer todo una misma mierda, el grado. Hasta estudiar Bachillerato parece mucho más que un graduado en Bellas Artes, por ejemplo.

No quiero criticar el plan Bolonia porque lo desconozco en la mayor parte, porque todo lo que he oído viene de un solo sentido y porque no se donde nos llevará. Incidía en el aspecto que la universidad responde a la formación humana. Creo que este nuevo plan nos prepara para trabajar, dejando la realización humana de lado.

No se cuál es mi camino en la vida, y por ello lo busco, no espero convertirme en una máquina sin pensar, que mira desde una mirilla completamente obtusa, quiero buscar mi religión, quiero encontrar mi ¿por qué estoy aquí?. Ahora parece que esa oportunidad se desvanece.

Me parece muy bien que tengamos una convalidación con Europa, que ayudará con la movilidad, bla, bla, bla, pero yo no soy europeo, si no conozco ni mi país, ¿cómo voy a ser europeo?

Debemos ser críticos con nosotros, debemos mirar los fallos, primero los nuestros y luego los de nuestro alrededor. Debemos crecer, y para crecer y convertirse en adultos hay que educarse y eso es algo que parece no tenemos muy en cuenta.

Fdo:
Un Humilde Redactor

miércoles 22 de julio de 2009

Sobre cultura musical (II)

Hace no mucho tiempo (unas décadas para ser exacto), España era un referente musical a nivel europeo y mundial. Compositores y músicos como Albéniz, Granados, Turina o Falla demostraron al mundo el verdadero carácter de la música española impresionando tanto a críticos como a intérpretes allá donde su música sonaba.

Es triste comprobar cómo en cuestión de décadas hemos ido destrozando esas raíces musicales que éstos hombres construyeron. Si bien la música española tuvo su época dorada en la década de los 80' y anteriores, podemos afirmar echando la vista atrás que algo falla.

No puede ser que en tan poco tiempo la música se haya convertido en un objeto que cualquiera puede moldear a su antojo sin ninguna impunidad. No podemos dejar que hagan de ella lo que les plazque cual mujer de compañía a la que se le paga por horas.

Personalmente estoy cansado de ver como año tras año nuestro panorama musical se ve asaltado sin impunidad alguna por artistas de tres al cuarto que son capaces de todo con tal de triunfar, son capaces de todo menos de hacer buena música.
Las tendencias han hecho mucho daño en nuestra sociedad, pues todo aquello que se salga de la pauta marcada no recibe atención alguna.

Así las cosas, nos encontramos en la actual fábrica de músicos/cantantes/vete a saber qué, que éstos jóvenes y supuestas futuras referencias del panorama musical español carecen de un mínimo de cultura musical general.
No cabe en mente alguna que chavales que han nacido en la década de los 80' y 90' no conozcan a Bruce Springsteen. No conocer al "Boss" sólo cabe en 2 circunstancias; o bien naciste ayer o bien eres de Marte.

Dicho esto sólo añadir que con este plantel no queda más que esperar a que alguien haga algo por cambiar esto (alguien con las pelotas suficientes como para desafiar a este tinglado), pues el futuro que se augura a la música española si tenemos cono futuras promesas a unos incultos musicales me parece muy negro.

domingo 19 de julio de 2009

Los cuentos sagrados de los indios pieles rojas (VII)

LAS AVENTURAS DE ROSTRO MARCADO (Leyenda de los pies negros)

Rostro Marcado vivía en soledad en los recónditos rincones que le reservaban los amplios espacios que poseía su tribu en medio del gran meandro del caudaloso río que se estiraba como una aletargada y perezosa sierpe, una solemne y horrenda Uktena. Y como ella, el poblado de los pies negros aparecía simbólicamente como una valiosa joya en la cabeza del río y lucía en él como las siete bandas de colores que tenía alrededor de su cuello, y se expandía a ambas márgenes del río como los abiertos cuernos que encarnaban su perversidad. E igualmente atacaba a sus pobladores, eligiendo como aquélla a los pescadores y a los niños, cuando se desmadraban sus aguas en las estaciones en que las lluvias torrenciales caían cual cortinas de agua, verdaderas e insufribles cataratas, en las cercanas y altivas montañas, en cuyos picos tenía sus nidos tanto el río como el monstruo alado Uktena, y se engullía a niños y pescadores porque eran los seres que más alto riesgo detentaban: los niños por su debilidad, los pescadores porque les sorprendía la furia de la avenida descontrolada y a ambos los arrastraban las furiosas aguas hasta el fondo cenagoso del lejano lago donde arrojaba su carga macabra.

Y no es que Rostro Marcado fuese un pusilánime, un tímido o un cobarde; no, lo que ocurría es que el joven guerrero sufría del mal de amores no correspondido a causa de un defecto físico que ostentaba en medio de su rostro; galardón obtenido por el arrojo y furia con que sabía pelear contra su enemigo tribal. Rostro Marcado debía su extraño nombre al hecho poco corriente de ostentar en medio de una de sus mejillas una repulsiva, larga y fea cicatriz de extraño origen, aunque los más viejos de la tribu la atribuían a un imperfecto, defectuoso y difícil parto que tuviera que soportar su madre cuando él nació.

Rostro Marcado era feliz y contento entrenando para la lucha junto a los más acreditados guerreros avezados en más de un millar de guerras de lo más cruentas; era feliz caminando por el bosque yendo a la caza del jabalí, la liebre de las alturas, la marmota, los pájaros más variados, y también lo era caminando interminablemente hasta el lago de aguas azules con la intención de apresar en su red al propio somorgujo. Fue feliz también cuando, yendo en compañía de los más expertos cazadores de su tribu, se tuvo que enfrentar conjuntamente con toda la cuadrilla al gran oso submarino que portaba cuernos en su cabeza y sobre su dorso una sarta de púas de dragón alineadas sobre su cuerpo repugnantemente cubierto de crujientes escamas; fue feliz con ello, aunque no cobraran la singular pieza, ya que se introdujo bajo las aguas del lago y escapó en ellas nadando con gran estrépito, porque le gustaba la aventura, el riesgo, y porque pensaba que era tan buena la preparación física de su cuerpo que necesitaba adularlo y regalarlo de cuando en cuando proporcionándole azarosos lances con que ejercitarlo, de los que siempre salía triunfador.

Rostro Marcado era tan valeroso, tan decidido, tan audaz, tan intrépido y tan arriesgado que para él fue un honor el poder someterse al ritual del O-kee-pa. Estuvo muy orgulloso de prestarse durante aquellos inolvidables cuatro días del verano a las terribles y extensas ceremonias sagradas en las que se representaba la historia mitológica de la tribu, que no dejaba de ser una dramatización de la creación de la Tierra, los seres humanos, las plantas y los animales, junto a las luchas que tuvieron que soportar sus antepasados hasta llegar a la situación en que se encontraba el actual pueblo de los pies negros.

Estuvo orgulloso de sí mismo Rostro Marcado cuando, en el último rito de la ceremonia O-kee-pa, le suspendieron del techo de la cámara litúrgica o tienda de los rituales sagrados por medio de unas cuerdas acabadas en arpones y que engancharon de su pecho, con lo cual los poderosos músculos pectorales tenían que soportar todo el peso de su poderosa envergadura, rasgando cruentamente sus carnes. Aunque el dolor corroía sus entrañas, ni un solo gemido salió de sus labios ni de los del otro joven suplicante que pendía, a diferencia de él, de los músculos dorsales, de los cuales manaban hilillos de sangre que caía sobre la tierra arenisca donde se enclavaba el túmulo.

El cumplimiento noble y digno de este sangriento rito le aclamaba en todo su territorio, y sobre todo en su extenso poblado, que se extendía alrededor del río, como un héroe provisto de gran coraje y como un hombre valiente y señalado sin duda por los dioses del destino, los hechiceros y los chamanes como propicio para ejercer el liderazgo sobre los de su propia tribu.

Quizá Rostro Marcado pensó alguna vez que debía su desgracia precisamente a su valor y a su arrojo, y a la fama que adquiriese en su tribu debido a la hazaña de soportar con valentía y decisión el sacrificio cruento que requería el O-kee-paa. Aunque el joven guerrero vivía en la parte del poblado que se extendía en la orilla del río más alejada a la gran tienda del jefe del mismo, solía con cierta frecuencia y despreocupación acercarse, atravesando las aguas caudalosas, sonoras y rápidas del río, hasta la otra parte donde se hallaban los primeros y más esforzados guerreros de la tribu, así como el lugar donde se alzaba la tienda de los chamanes, de los hechiceros proveedores de las medicinas y de los encantamientos y, por supuesto, la del jefe de la misma. Tenía amigos en ella con los que corría en sus cacerías y nadaba en sus jornadas de pesca a mano, en la que era gran experto.

Rostro Marcado fue en busca de uno de aquellos muchachos para charlar con él y proponerle una cacería de varios días, en la cual debían alcanzar el más alto pico de la más alta montaña que proyectaba su sombra sobre la hierba del bosque. Encontró al amigo en las afueras del poblado gozando del frescor y la sombra de los verdes sauces y eucaliptos que formaban el diminuto bosque que guardaba el manantial que los hacía reverdecer. El muchacho estaba acompañado de otros jóvenes, entre los que se contaba la muchacha más hermosa y delicada que jamás había él contemplado. La flor de adelfa rosa que lucía prendida en su cabello negro y brillante redoblaba su belleza y la hacía parecer a los ojos del muchacho aguerrido y valeroso como una verdadera ninfa escapada del bosque y surgida de las aguas límpidas del manantial, con sus pechos turgentes, sus labios rojos y carnosos, sus caderas y sus hombros suavemente redondeados...

Rostro Marcado preguntó a su amigo:
—¿Quién es?

Y con sus ojos se la comía.

El otro repuso:
—Es la hija del jefe.

El enamorado tragó saliva.
—Ven, acércate, quiero que os conozcáis.

El amigo, apoyando su mano sobre el hombro de Rostro Marcado, le dijo a la joven:
—Es mi amigo, el valeroso Rostro Marcado, el audaz que fue capaz de soportar sobre su pecho el cruento ritual del O-Kee-pa.

La mujer que estaba de espaldas atendiendo a otra conversación, se giró rápidamente atraída por el gran prestigio que poseía el joven entre la juventud y por la gran belleza que guardaba su cuerpo según había escuchado en las reuniones secretas que las mujeres casaderas sostenían en las cabañas de las matronas.

—Es Rostro Marcado —dijo el amigo común.

La bella muchacha le miró con cierto estupor y, reaccionando de inmediato, expresó:
—Ya había oído hablar de ti en esta parte del poblado —e inmediatamente añadió con jovialidad—: Y de tus hazañas, de tu audacia y... —le faltaron las palabras para continuar.

La mujer no hacía más que observarle con la mayor atención. Rostro Marcado, con verdadero anhelo, dijo:
—¡Qué bella eres! Y quedó ensimismado mirándola, perdiéndose en la profundidad oscura de sus ojos y la lisura de sus cabellos.

La muchacha, halagada sin duda, sonrió, pero rápidamente la seriedad inundó su rostro. Pero no dijo nada. El muchacho guerrero e intrépido preguntó:
—¿Y soy cómo esperabas que fuera?
—Nadie me había dicho... Quizá debía haberlo adivinado... soy muy torpe —balbució.

Al fin dijo de un tirón
—: No, no eres como esperaba, lo siento.

Y dándose la vuelta escapó de delante del enamorado, integrándose en un grupo de muchachas y muchachos que reían y hablaban en alta voz. Rostro Marcado quedó triste. Siempre había pensado suplir su defecto físico con su valor, su arrojo y su nobleza, y la perfección de su cuerpo atlético.

—A decir verdad —se dijo— nunca me hubiese importado el repudio de alguna mujer por esta causa. Siempre lo había tenido como verdadera condecoración, serial íntima de mí mismo —y añadió muy afligido, atristado—: Precisamente ha tenido que ser ella, la bella mujer a quien yo...

Un sollozo terminó la frase. Pero el joven guerrero, reconocido por todo el poblado, no era de los que abandonan sus propósitos con facilidad, por eso había llegado tan alto como estaba, por eso todo la tribu le consideraba como un héroe. Después del desplante que sufriera por parte de la hermosa hija del jefe, se separó de su amigo y vagó alrededor del manantial por ver si hallaba la ocasión de volver a admirarla, de poder hablar con ella, pero no lo logró, solamente escuchó su risa desenfadada y cristalina que surgía de entre todo el confuso murmullo de voces con que alborotaban los muchachos. Y fue el conjunto de sus risas irreflexivas las que le martillearon constantemente sus sienes y le acompañaron como un verdadero tormento en la soledad de la larga noche que pasó en vela.

Rostro Marcado se propuso cortejar a la bella piel roja y pertinaz como era en sus cosas; lo primero que hizo fue volver, a la mañana siguiente, a zancasdilear alrededor de la tienda del jefe por ver si conseguía verla a solas, para hablar con ella. Tuvo que insistir algunas veces para conseguir su propósito y hasta que llegara este momento su enamoramiento y su angustia por poseerla crecieron desmesuradamente. Al fin, en un atardecer, cuando el sol ya se escondía tras las altas cumbres pero enviando sobre la llanura su luz de fuego, el enamorado pudo contemplar, a través de los rayos rojizos y ardientes como su propio corazón, a la muchacha envuelta en un halo tornasolado que eran los últimos rayos del astro rey que, reflejándose en las aguas del río, caían sobre ella. No se pudo contener más, se acercó a ella, la miró, trató de besarla, pero la mujer se escurrió con la ligereza de un corzo que se ve acosado.

—No te vayas. Espera —suplicó.
La muchacha india se detuvo y juraría él que le miraba con coquetería.
—¿Qué quieres? —preguntó.
—Hablar contigo. —¿De qué? —volvió a preguntar con cierto desdén la muchacha.

Rostro Marcado se le acercó sin que ella huyera y, mirándola fijamente a los ojos, le prepuso abriéndole los secretos de su corazón:
—Te quiero. No vivo desde el día en que te conocí —y añadió—: no voy de caza, no me veo con mis amigos, no duermo por las noches. Sólo te tengo dentro de mi mente a ti. Me acuesto contigo, velo toda la noche que paso hablando contigo y amanezco sobre mi camastro igualmente contigo.

La hija del jefe expresó con menosprecio:
—¿Y qué...?
El enamorado no se pudo contener por más tiempo y le dijo: —Quiero casarme contigo...

La muchacha sonrió, pero esta vez con decoro, diría que con cierto temor. Quedó expectante escuchando las palabras que surgieron como una torrentera de su corazón, más que de su razón.

Pero de nada valieron a la muchacha que Rostro Marcado le hablara de sus múltiples méritos, de su arrojo para luchar con los monstruos del lago, de sus buenos augurios para poder llegar a ser un dirigente preferido de la tribu; de nada le valió al muchacho las súplicas y las humillaciones a que tuvo que rebajarse para convencer a la joven y bella piel roja; porque ella, ante tantas promesas de felicidad y de futuro, no pudo más que contestarle:

—No insistas, Rostro Marcado, yo no me casaré nunca contigo mientras no encuentres la forma de quitarte esa cicatriz

Desesperadamente, marchó el muchacho hacia su poblado y, consultando su pena con su madre, acudió ésta a la visita del chamán en busca de consuelo y de algún encantamiento que hiciera que su hijo no sufriese tanto. El hechicero le ordenó a la mujer que le enviara al infortunado que, hasta entonces, había sido tan popular y preclaro. Rostro Marcado obedeció a su madre y fue a la cabaña del mago en busca de consuelo y ciencia.

—Yo lo único que necesito es alguna pócima o exorcismo para arrancar de mi rostro este nefando corte —le expresó impulsivo al hombre sabio, que serenamente miraba en él su abatimiento rebelde, que incluso se volvía contra sus dioses ancestrales
—Eso —repuso el chamán— no tiene solución sino sobrenatural —y añadió solemnemente—: Sólo desaparecerá de tu cara si es voluntad de los dioses. Rostro Marcado entró en trance y expresó desesperadamente mirando al cielo:
—Dioses del Mundo Superior, ayudadme, enviadme el acto sobrenatural que me ha de devolver a la normalidad...

El chamán le recitó como una salmodia:
—Parte a los dominios del Sol y quizá allí halles el remedio a tu desventura. Aléjate del poblado y olvida a la insensata. Tal vez, en tus aventuras se te borre el nombre de esa ingrata. Tal vez halles el sol en el mítico lugar donde habita sobre los demás astros y él te ofrezca el conjuro, la triaca que te devuelva la felicidad. O si no el tiempo y la distancia servirán para enjugar tus ardores...

Rostro Marcado inició un viaje a lo lejos, a los Dominios del Sol, sin siquiera despedirse de su madre y mucho menos de la desdeñosa mujer. Largos años estuvo el aguerrido e intrépido muchacho vagando por los espacios que unen la Tierra con el Mundo Superior. Tuvo que sufrir en ellos, en el propio horizonte de los cielos y en las albercas que contienen las estrellas rutilantes grandes aventuras con las que curtió duramente su carácter.

¿Habían pasado años, muchos o pocos, desde que huyera furtivamente de su poblado y de su casa? Eso no lo sabía. Sabía que se había dejado la piel en las luchas y las algaradas con toda clase de monstruos y enemigos corpóreos e incorpóreos. Sabía que su cuerpo había madurado, sus músculos crecido y su raciocinio sentado y equilibrado. Sabía todo eso, pero también sabía que todavía no había logrado penetrar en los Dominios del Sol. Cada vez que llegaba a su puerta era despedido por los servidores del dios y arrojado de nuevo a las tinieblas, al limbo de nadie, que se hallaba entre los mundos Medio y Superior.

En una ocasión, harto de su peregrinaje pese a lo persistente que era o había sido con sus propósitos, se topó frente a sí un frondoso jardín lleno de flores, árboles de toda clase y una vegetación tan verde y fresca que animaba al descanso. Así lo hizo. Pero cuando más tranquilo estaba pasaron junto a él siete grandes gansos blanquísimos que al verle graznaron con alaridos que resultaban casi humanos e insultantes. Inmediatamente apareció en la mente de Rostro Marcado la feliz idea, que luego siempre pensaría que le habría inoculado alguna divinidad protectora, que se pronunció a sí mismo:

—Si mato a estas siete aves espléndidas y las llevo como ofrenda al Sol quizá me abra las puertas de sus dominios y pueda hablar con él.

Pero inmediatamente sobrevolaron su cabeza en vuelo rasante siete grandes grullas que graznaban mucho más agresivamente que los gansos y se posaron cerca de él. De repente se le vino al pensamiento:
—Y si además de los gansos blancos le llevo las siete grullas provocadoras mejor me ha de recibir.

Por eso no lo pudo resistir; sacó su carcaj repleto de flechas con los colores de su tribu, armó su arco, lo tensó y una a una fue matando a las catorce aves esplendorosas. Les arrancó sus cabelleras y, con ellas en la mano, se acercó a los dominios del Sol y suplicó que le recibiera el señor en base a los trofeos que le llevaba. Desde ese momento se adoptó la costumbre entre los indios pies negros de arrancar el cuero cabelludo a sus enemigos muertos en combate como señal de haber triunfado sobre sus adversarios.

Cuando le recibió el Sol, quedó tan impresionado con aquellas muestras de valor que regaló a Rostro Marcado un bello traje adornado con pieles de comadreja. La vestimenta debía ser el don que le ofrecía el Sol para sacarle de sus fatales desventuras. Si no era así, él así lo creyó, porque la prenda mágica contenía los atributos de poder y de honor del astro rey.

En la parte alta del vestido tenía un disco de oro en el pecho y otro en la espalda.

—Ellos simbolizan el Sol —le aclaró el faraute que le llevara el traje. En las mangas aparecían pintadas siete rayas blancas que representaban los siete pájaros, mientras que las perneras estaban adornadas por otras siete bandas...
—Las que simbolizan la derrota de los otros siete pájaros —añadió el servidor del Sol y luego desapareció introduciéndose en el interior de los dominios de su señor.
Rostro Marcado, ataviado con su mágico traje, no tuvo otra solución que abandonar el lugar y hacerse la siguiente reflexión:
—Es hora de regresar al poblado —y añadió justificándose—: Tenía la misión de visitar al Sol y lo he hecho. Con su regalo volveré a la tierra de mis ancestros y... Efectivamente así lo hizo.

"Rostro Marcado se casó después con la hija del jefe y se convirtió en uno de los ejecutantes de ceremonias más famosos entre los pies negros."

lunes 8 de junio de 2009

Los cuentos sagrados de los indios pieles rojas (VI)

LOS CHAMANES HABLAN POR BOCA DE LA DEIDAD CREADORA


(Leyendas pima, navajo, hopi, yaqui, apache y papago)


"Dios creó al país indio y fue como si hubiera extendido una gran manta. Puso a los indios en ella... y aquél fue el tiempo en que los ríos empezaron a correr. Después Dios creó los peces en este río y puso ciervos en las montañas... Luego el Creador nos dio vida a los indios; echamos a andar y en cuanto vimos la caza y los peces supimos que habían sido hechos para nosotros... crecimos y nos multiplicamos como pueblo." (Jefe Weninock)


Antes de que los dioses del pueblo piel roja creasen a los hombres, no existía la Tierra y hubo que crearla para cuando ellos llegaran. Sus deidades, bien extrayendo barro del fondo de océano y moldeándolo en forma de gran empanada o bien por cualquier otro modo mítico, constituyeron la gran isla donde se desarrolló el Mundo Medio, que es el mundo actual, el habitado por los seres vivos conocidos en el presente. No obstante estas teorías clásicas de la creación de la Tierra, los pieles rojas creen que el mundo actual donde se desarrollan sus vidas es el cuarto (indios hopi) o el quinto (para los navajos) de varios de ellos que existen en el universo celestial.


Explicaba el hechicero hopi a los guerreros que, sentados en el suelo y con las piernas cruzadas, rodeaban la hoguera y fumaban la pipa de la paz en el interior de la tienda del jefe de la tribu, porque en el exterior helaba:

—Los mundos flotan uno encima de otro de forma que el piel roja debe purificarse y ascender de uno al otro hasta alcanzar el nivel del Mundo Superior.

Los aguerridos hombres, de rostros adustos y feroces, al escuchar estas palabras caían en una especie de éxtasis místico y escuchaban arrobados. El chamán continuaba:
—Los mundos que nos precedieron eran, sin duda, lugares que resultaban demasiado pequeños y fueron inundados del mal, contaminados por los vicios y la perversidad, a causa de las hechicerías a que fueron sometidos por los malvados. Sin embargo, el mundo siguiente es esencial y siempre constituye un respiro y un consuelo para el piel roja que persigue su superación.


Resultaba definitivo y fundamental para la vida espiritual de estos hombres la ascensión a mundos cada vez más cercanos al pretendido Mundo Superior. Por eso los pieles rojas (tribu de los navajos) apilaban una sobre otra cuatro grandes montañas y sobre la última plantaban una robusta y larga caña, a la que se subían para alcanzar el cuarto mundo, puesto que el tercero quedó inundado. Y el chamán zuni ora con su pueblo diciendo:

—Todo piel roja debe viajar con fortaleza y seguridad a través de las cuatro cuevas subterráneas antes de emerger al Mundo Superior, donde poseerá el Conocimiento y la Visión.


De este modo tan esotérico y oculto se pasa de la creación de la tierra, del Mundo Medio, a la satisfacción espiritual de aquel pueblo que tiene que llegar y del cual van a ser responsables los dioses bajados del cielo; que primero construyeron una doctrina mística y luego la adaptaron a las criaturas que debían de acatarla sin ninguna clase de escapatoria.


Por eso bajó hasta la Tierra, desprovista de humanos, la diosa Estanatlehi o Mujer Cambiante (navajos) y sentándose a la orilla del camino, junto a la puerta de su cabaña, reparó en la planta del maíz que crecía en su huerto, tomó su fruto y, entre dos losas de granito, lo trituró.


Y, tiempos más tarde, el propio pueblo, por boca de su hechicero, diría:

—Tomó polvo de maíz y agua. Lo mezcló con la propia piel de sus pechos, que arrancó con suavidad. Y creó a la gente.


El Mago o Hacedor del Hombre (pueblo pima) igualmente desciende a la gran isla e, instalándose en su morada construida al abrigo de los vientos del norte y del oeste en la ladera de la gran montaña, decidió fabricar a los hombres utilizando para ello arcilla. Pero antes debía construir un horno para cocer sus carnes y darles vida. Pero, cuando el dios estaba en plena labor de creación, apareció a la puerta de su casa Coyote y, con sus dotes de embaucador y bufón ridículo, interfirió en el delicado trabajo, diciéndole al Mago:

—Creo, amigo, que cualquier cosa que cuezas en tu horno ya está lo suficientemente hecho.


El Hacedor del Hombre reconoció en la figura que le hablaba a Coyote y —aunque sabía de su estupidez y sus mentiras, también sabía que era parte integrante del milagro de la creación y que tenía poderes para realizar buenas acciones, así como que es el que procura que las personas pasen de un mundo a otro, al igual que es el responsable de esparcir las estrellas por el cielo— admite el acierto en sus palabras y cae en su trampa y le pregunta:

—¿Estás seguro de lo que dices, Coyote?

El aludido, lleno de jovialidad y burla, le contestó:

—Ya lo creo que lo estoy, señor. Compruébalo tú mismo sacando del horno y mostrándomelo.

El Mago le hizo caso y extrajo prematuramente a las criaturas de arcilla que quedó muy poco cocida y, por tanto, blanquecina y de este modo aparecieron sobre nuestro mundo los hombres blancos —explicó el chamán pima.


Con gran contrariedad del creador huyeron aquellos del lugar y se esparcieron por la tierra, concentrándose en determinados espacios. Pero fue de nuevo Coyote quien le hizo la siguiente recomendación:
—Si el calor del horno no ha sido suficiente para acabar de cocer a tus criaturas, haz otras y mantenías durante más tiempo entre las llamas de la jábega.

Al Hacedor del Hombre le pareció buena la idea del embaucador: conformó nuevos humanos con la arcilla que extraía de la montaña cercana y los introdujo en el horno ardiente. Por supuesto, los mantuvo más del doble del tiempo que estuvieron aquellos que quedaron blancos y cuando los sacó a la vida aquellas otras criaturas habían sido quemadas y la negritud les había invadido —explicó nuevamente el chamán en la reunión ceremonial alrededor de la gran hoguera que presidía la tribu. Frente a estos resultados el Mago despidió con malas actitudes a Coyote, que desapareció rápidamente a lo largo de la gran llanura del sudoeste en busca de otros infelices a quienes poder embaucar y reírse de ellos.

El creador ordenó llevar a blancos y negros a ultramar y, una vez asegurado que allí descansaban, tomó reticentemente el Hacedor del Hombre nueva arcilla y moldeó con ella nuevos individuos y, como ya había aprendido a tomar el punto de la cocción justa que tenía que hacer, creó a los pieles rojas (pimas).


Los hombres blancos, sin embargo, vuelven a los territorios indios y son enviados como una maldición junto a la pestilencia y a la guerra (navajo) por el Primer Hombre y la Primera Mujer, Atse Hastün y Atse Asdzan, que envidiosos y contrariados en sumo por la prosperidad que gozaban los nativos, contaminaron su civilización con estas odiosas maldiciones. Pero los blancos no eran bien recibidos por el pueblo piel roja, quienes, cuando sabían de su llegada, tomaban sus precauciones y preparaban sus hostilidades.
Eran los Surem (tribu yaqui) unos pequeños seres humanos que odiaban la violencia y los ruidos estridentes y agudos cuando llegó hasta ellos la noticia de que llegaban los hombres blancos, se reunió el consejo de ancianos de la tribu —explicaba el chamán de la aldea con palabras graves y preocupantes— en el que se dirimió la conducta más adecuada que debían mantener los Surem.


Ante los asombrados rostros de los fieles y supersticiosos pieles rojas que escuchaban embelesados las historias de sus antepasados, de sus orígenes, que les explicaba, lleno de misticismo y sabiduría, su guía espiritual y protector del aliento de sus ánimas, el anciano detuvo sus palabras y esperó a que alguno de ellos le animase a continuar con la narración de la epopeya mágica de sus ascendientes, Al fin, uno de los guerreros, considerando que tardaba mucho en iniciar el cuento, airado le espetó:

—¿Es qué aquí se acaba la historia? —e intrigado apremió con la pregunta—: ¿Es que acaso los ancianos de los Surem no llegaron a ningún acuerdo?

El chamán yaqui, condescendiente, continuó hablando:

—Ante la tesitura de tener que emigrar a territorios más alejados del hombre blanco o quedarse y tener que enfrentársele más o menos tarde en enconada lucha, los ancianos dejaron a su libre albedrío que los individuos eligiesen cada cual la conducta a seguir. Unos tuvieron miedo de los blancos y se marcharon a lejanas tierras. Pero otros se quedaron a hacerles frente con valor y firmeza...


El piel roja aguerrido y curioso cortó bruscamente el alegato que hacía el chamán, preguntando con anhelo:

—¿Y qué fue de aquellos seres enanos y sensibles que decidieron quedarse en su territorio?

El hechicero contestó lacónico:

—Que se hicieron altos y fuertes y dieron origen a nuestro pueblo.

Y continuó el chamán yaqui:
—Lucharon contra el intruso de ultramar y le vencieron arrojándole de sus tierras —completó la frase del hombre sabio el piel roja con sus palabras repletas de satisfacción y orgullo por el comportamiento de sus antepasados. Pero una vez creado el pueblo piel roja, sus gentes necesitaban invariablemente que se les enseñase a hacer las cosas.
Y entonces es cuando apareció en medio de nuestros padres el dios Usen y les mostró la forma de recolectar las hierbas buenas para hacer las medicinas que les curaban cuando enfermaban —expresó el hechicero apache a sus discípulos. Más tarde fueron visitados por Montezuma (pueblo Papago), el Médico del Mundo, el que había creado el universo mezclando su propio sudor con el polvo sacado de su piel, y les enseñó a cazar y a cultivar el maíz.

—El creador original del mundo o de los seres humanos desaparece a menudo, son creadores evanescentes que desean ocultar su poder y su propia imagen verdadera de la mirada de los humanos. Dan su beneficio y escapan a su Mundo Superior —aleccionaba mitológicamente el chamán.
Pero los pieles rojas que habitan el mundo se olvidaron muy pronto de los dioses y de los beneficios que obtuvieron de ellos. Entonces se volvieron malvados y desobedientes y son aquéllos quienes les envían la destrucción. El Primer Hombre y la Primera Mujer (pueblo navajo) enviaron, por ello, terribles monstruos a sus aldeas y tribus para destruir a los hombres porque les habían enfurecido al propalar por toda la Tierra "que la felicidad era su propia creación".
Tuvo que llegar nuevamente el propio Montezuma al mundo y crear una nueva raza humana para que luchase contra la primera y la exterminara. Como la perversión, la maldad, el vicio y el improperio persistían aún sobre la Tierra, los dioses deciden anegar este pueblo enviándole un diluvio (apache), una inundación terrible que les sumergiera en el caos, lo tragara y lo hiciera desaparecer. Pero una deidad rebelde quiso que quedara algún residuo de la antigua civilización... —...y "un espíritu vengador del Mundo Superior (indios caddo), una rana profética que corresponde así a cierta ayuda que recibió de los humanos (Alabama) y un perro parlante (cherokke)" se dirigieron a un hombre y a su esposa, anunciándoles que iba a sobrevenir sobre ellos la gran inundación y que se preparasen —les explicó a los pieles rojas el Amo del Aliento, que no quiere esclavizarlos sino darles la libertad.

Entonces les aconsejó:

—Debéis construir una balsa, una gran tinaja de barro o, si no podéis, debéis meteros dentro de una gran caña hueca, para soportar en su interior los embates y las furias de las aguas desatadas que os enviará el espíritu vengador. La pareja de humanos elegidos escuchó las recomendaciones del espíritu bueno y le obedecieron. Dentro de la caña mágica los esposos flotaron por encima de la superficie del mar desenfrenado y soberbio.

Y preguntaron, desde su resguardo, a la deidad:

—¿Y cuándo sabremos el momento de salir y pisar la tierra?

El dios le contestó: —Cuando las aguas decrezcan...

—¿Y cuándo será eso? —preguntaron los esposos cuya soledad que sufrían en el interior de su minúsculo aposento les comenzaba a agobiar.

La deidad rebelde les recomendó:

—Enviad al pájaro carpintero y a la paloma a buscar la tierra.

—¿Cuándo?

—Cuando las aguas desciendan. Y lo habrán hecho cuando las aves que vosotros enviasteis no vuelvan o si vuelven lleven embarradas sus patas.

Y cuando fue el tiempo el pájaro carpintero ya no regresó a su morada y la paloma lo hizo, pero marcó su huella de barro sobre la balsa de caña que acogía al hombre que con su esposa salvóse de la destrucción divina. El hombre sacó su cabeza al exterior y, volviéndose a la mujer le dijo:

—Ahí fuera luce ya el sol. La tierra, feraz y prometedora, no espera.

Abandonaron su refugio y saltando sobre la superficie terrestre acometieron la tarea de volver a poblar la Tierra, tarea que realizaron a menudo con la ayuda divina.

Y el hombre santo, el chamán, el santón de la tribu, el hechicero, se levantó solemnemente de la gran piel de búfalo sobre la que se sentaba y sin mirar ni por un momento a su pueblo, a la congregación de pieles rojas que le escuchaban atentos, se retiró, perdiéndose en las penumbras de su cabaña, en la que meditó largamente sobre las cosas de este y del otro mundo, del Medio y del Superior

martes 2 de junio de 2009

Erecciones Europeas


Sí amigos, habéis leído bien. Y es que estas Elecciones Europeas se han convertido en una competición por ver cuál de los dos partidos mayoritarios la tiene más larga.

Con tintes de comicios nacionales, los políticos (politicuchos) de estos dos partidos (los rojos y los azules, para no decir su nombre) se han dedicado a lanzarse mierda el uno al otro cual mono de zoo.
Mira que llevan semanas dando la brasa con las elecciones, con lo importantes que son (o eso dicen) y con que vayamos a votar que así podrán cambiar las cosas y tal y cual.

El problema es que en ninguna intervención de los representantes al parlamento europeo aclara algo. En los debates que han tenido se han dedicado a lanzarse puyas y demás cosas sin siquiera pararse a explicar cuáles son sus propuestas y qué van a hacer para salir de la crisis y mejorar la calidad de vida.
Lo peor es que encima te mandan una carta (en la que 4 de cada 2 palabras no tienen sentido), pidiendo el voto porque ellos lo valen y porque son mejores que los otros, sin ni siquiera explicar porqué.

Mucho debe haber caído el nivel cognitivo-intelectual del ciudadano español para creerse la sarta de chorradas que ambos candidatos esgrimen para intentar ganar las elecciones.

¿Hasta cuando vamos a permitir que nos manipulen y nos engañen en su propio beneficio?
¿Por qué no les damos una lección de una vez y les demostramos que están de más y que estamos cansados del juego que se llevan entre ellos?
¿Es que lo más importante es fastidiar al partido contrario aun cuando así también fastidiemos al ciudadano?

Preguntas a las que aún no encuentro respuesta. Pero aún no he perdido la esperanza.